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Macrobiótica

La macrobiótica es un régimen alimentario y, a la vez, una enseñanza filosófica de origen japonés que propone equilibrar los alimentos según la dualidad del yin y el yang. Nació en el Japón de la primera mitad del siglo XX con George Ohsawa y se difundió por Occidente, sobre todo en Estados Unidos, de la mano de su discípulo Michio Kushi, por lo que hoy es un ejemplo relevante de cómo una doctrina oriental se adaptó a la cultura alimentaria y al debate sanitario occidentales.

Historia

George Ohsawa (1893-1966), pensador japonés, fue el creador de esta enseñanza. En su país se conocía simplemente como «Principio Único», y su propuesta buscaba presentar una tradición de pensamiento oriental en un lenguaje comprensible para la mentalidad moderna. El nombre de macrobiótica no es suyo en origen: procede del título de un tratado de salud publicado en 1796 por el médico alemán Christoph Wilhelm Hufeland, «Makrobiotik, oder die Kunst das menschliche Leben zu verlängern», que significa «el arte de prolongar la vida humana». Ohsawa lo adoptó a partir de 1938 para occidentalizar el nombre de su doctrina.

Las raíces de sus ideas se remontan a la tradición china y, en particular, al budismo zen. En los monasterios zen japoneses existía una cocina austera llamada shojin ryori, que se entendía como una manera de cultivar la atención y el juicio. Antes que Ohsawa, algunos autores ya habían intentado relacionar la alimentación con el bienestar en términos más racionales. El médico japonés Sagen Ishizuka (1850-1909) suele citarse como pionero de esa traducción al lenguaje científico, y el erudito Ekiken Kaibara (1630-1716) reunió sus consejos sobre la vida sana en la obra Yojokun, «Consejos para la longevidad».

La difusión internacional fue desigual. En los años setenta, Michio Kushi, discípulo de Ohsawa instalado en el este de Estados Unidos, la extendió con una versión más asequible, con un régimen estándar y con la colaboración de instituciones oficiales. En América Latina se articuló a través de centros en Brasil, impulsado por Tomio Kikuchi, y del trabajo de Mauricio Waroquiers desde Uruguay, que tradujo y editó buena parte de la literatura al castellano. En España su influencia llegó, sobre todo, a través de la visión de Kushi. También tuvo buena acogida en países de influencia anglosajona y en el norte de Europa, donde surgieron centros macrobióticos en ciudades como Boston, Ámsterdam o Londres.

La etapa más polémica corresponde a las formas más estrictas de los años sesenta. Ohsawa describió en su libro «Zen Macrobiotics», de 1965, un régimen de diez fases en el que la fase más alta reducía la dieta prácticamente a cereales integrales. Ese mismo año murió un joven seguidor por malnutrición, Ohsawa fue demandado por negligencia profesional y la fundación que tenía en Nueva York fue clausurada tras una inspección de la Administración de Alimentos y Medicamentos. En 1966 un gran jurado de Estados Unidos consideró que el régimen constituía un riesgo para la salud pública, y en 1971 el consejo de alimentación de la Asociación Médica Estadounidense advirtió del grave peligro de malnutrición para sus seguidores más estrictos. Kushi trasladó después sus actividades a Boston, y su instituto, que organizaba conferencias y seminarios en Massachusetts, cerró en 2017.

Cultura

La macrobiótica no se entiende solo como dieta, sino como una filosofía de vida. Sus seguidores la conciben como un camino para desarrollar el juicio y para vivir en armonía con el orden natural. Su principio básico es que todos los alimentos contienen yin y yang en proporciones distintas, y que solo tienen sentido al compararlos entre sí: un alimento puede ser más yang que otro y más yin que un tercero. Los alimentos con predominio yang se describen como compactos, densos, pesados o cálidos, y los de predominio yin como expansivos, ligeros, fríos o difusos.

La referencia de equilibrio son los cereales integrales, especialmente el arroz integral, junto con la cebada, el mijo, la avena, el centeno o la quinoa. Las pautas clásicas proponen que los cereales integrales ocupen entre un 50 y un 60 % del plato, las verduras de temporada entre un 20 y un 30 %, y las legumbres y algas entre un 5 y un 10 %. El pescado blanco y la fruta pueden tomarse en pequeñas cantidades, y los frutos secos se consideran un capricho ocasional si están ligeramente tostados. Entre las bebidas figuran infusiones, cafés de cereal y té de cebada tostada. Se da preferencia a los productos locales y de temporada, y a la cocina sencilla y poco elaborada.

La macrobiótica también incluye normas sobre los utensilios. Se recomiendan la madera y el vidrio, y se desaconseja el uso de plástico, cobre o recubrimientos antiadherentes, además de evitar el horno eléctrico. Algunos practicantes evitan las solanáceas, como el tomate, el pimiento, la patata o la berenjena, y también las espinacas, las remolachas o los aguacates, por considerarlos muy yin.

Hoy su presencia es sobre todo urbana y ligada a centros de alimentación, tiendas de productos ecológicos y ciertos círculos culturales, con seguidores en los países anglosajones, en el norte de Europa y entre algunas figuras de la música y el cine. Desde el punto de vista sanitario, organismos como la Sociedad Estadounidense contra el Cáncer y Cancer Research UK no recomiendan la dieta como tratamiento. Ninguna revisión de la literatura científica ha confirmado que sirva para tratar el cáncer u otras enfermedades, y se han documentado carencias nutricionales en seguidores de versiones estrictas, especialmente niños, embarazadas y personas enfermas.

Leyenda y realidad

Circulan afirmaciones sin respaldo científico sobre sus poderes curativos. En los años sesenta se llegó a presentar un régimen estricto como capaz de curar el cáncer, la epilepsia, la gonorrea, la lepra o la sífilis, y Ohsawa llegó a escribir que la caspa era «el primer paso hacia la enfermedad mental». Estas afirmaciones no están probadas: las revisiones disponibles no han verificado ninguna curación de cáncer, y las versiones más restrictivas se asocian a malnutrición y, en casos documentados, a la muerte.

Curiosidades

Un nombre tomado de un tratado alemán. La palabra macrobiótica procede de un libro de salud de 1796 del médico alemán Christoph Wilhelm Hufeland. Ohsawa la adoptó en 1938, cuando en Japón su enseñanza se conocía como Principio Único.
Un clásico japonés de la longevidad. El erudito Ekiken Kaibara reunió sus consejos de vida sana en Yojokun, «Consejos para la longevidad». Se cita a menudo como antecedente de la relación entre alimentación y bienestar en Japón.