Madeira
El madeira es un vino licoroso elaborado en la isla de Madeira, en el Atlántico norte, que pertenece a Portugal. Se caracteriza por su acidez y por un envejecimiento con calor que lo hace excepcionalmente estable, y se consume tanto como aperitivo o digestivo como en la cocina.
Historia
Los orígenes de su producción se relacionan con la Era de los Descubrimientos, cuando Madeira era escala habitual de los barcos que se dirigían al Nuevo Mundo y a las Indias Orientales. Hacia el siglo XVI la isla ya contaba con una industria vinícola establecida que abastecía a estas naves para las largas travesías. Los primeros vinos no llevaban alcohol añadido y solían estropearse antes de llegar a su destino. Para estabilizarlos se añadió una pequeña cantidad de aguardiente de caña de azúcar, un procedimiento parecido al que se empleaba en el oporto. El encabezado con brandy se generalizó más tarde, ya en el siglo XVIII.
La transformación más célebre se atribuye a un envío que, tras no venderse, regresó a la isla después de un viaje de ida y vuelta. Según la tradición, el calor y el movimiento de las bodegas de los barcos habían cambiado su sabor, y los compradores lo prefirieron. Ese vino recibió el nombre de vinho da roda, o vino de la vuelta. Como mantener el vino en alta mar resultaba caro, los productores desarrollaron métodos en la isla para reproducir ese efecto: lo almacenaban sobre estantes en la bodega o en salas llamadas estufas, donde el calor solar lo envejecía.
El comercio con Inglaterra cobró peso desde el siglo XVII, con el tratado matrimonial de 1662 como uno de los acuerdos que lo favorecieron. Comerciantes ingleses se establecieron en Funchal y acabaron controlando buena parte del negocio. Marcas como Cossart and Gordon, fundada en 1745, y Blandy's, en 1811, son ejemplos de esa presencia. El siglo XVIII fue su edad de oro: el vino llegó a las colonias norteamericanas, a Brasil, a Gran Bretaña, a Rusia y al norte de África, y las colonias de Norteamérica llegaron a consumir gran parte de la producción de la isla.
En la historia de Estados Unidos el madeira tuvo un papel notable. Como en las Trece Colonias no se cultivaban uvas de calidad, dependían de las importaciones. La incautación del velero de John Hancock por las autoridades aduaneras de Boston en 1768, tras una disputa por los derechos de importación de una carga de madeira, fue uno de los sucesos que alimentaron el clima previo a la Revolución. Thomas Jefferson apreciaba el vino, y se suele contar que se usó para brindar por la Declaración de Independencia.
El siglo XIX trajo la crisis. En 1851 apareció el oídio, que redujo la producción, y después la filoxera, que ya había devastado Francia y otras regiones europeas, llegó a la isla. A finales de siglo la mayoría de los viñedos habían sido arrancados y muchos terrenos se dedicaron a la caña de azúcar. Las replantaciones usaron en gran medida vides americanas e híbridas. Las guerras y la Prohibición en Estados Unidos cerraron mercados importantes, y el vino acabó asociado a productos de cocina de baja calidad.
Desde finales del siglo XX se produjo una recuperación. En 1979 se prohibieron oficialmente las uvas híbridas en la elaboración, y varios productores volvieron a las variedades nobles. En 1988 la familia Symington invirtió en la Madeira Wine Company, y en 1989 Bartholomew Broadbent relanzó el vino en Estados Unidos. Desde 1991 es denominación de origen protegida ante la Unión Europea, y está registrada internacionalmente ante la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual desde 1983.
Cultura
El madeira se bebe como aperitivo en sus versiones secas y como digestivo en las dulces. Los estilos más dulces suelen acompañar los postres. En Gran Bretaña se asocia de forma tradicional con el Madeira cake, un bizcocho que lleva su nombre. Las versiones más económicas se emplean en cocina, donde aportan matices a salsas como la sauce madère y a platos como los tournedos Rossini.
El vino está ligado al paisaje de una isla montañosa y volcánica. Los viñedos se plantan en bancales de piedra llamados poios, parecidos a los del Duero, y las vides suelen conducirse en emparrados bajos llamados latada para protegerlas de la humedad y de las podredumbres. Como el cultivo es difícil y no admite maquinaria, resulta costoso. Muchas parcelas son pequeñas, y buena parte de los viticultores combinan la uva con otros cultivos. Algunas viñas se han perdido por el desarrollo turístico y por la sustitución por otros productos agrícolas.
Hoy la producción gira en torno a la uva Tinta Negra, que cubre una parte muy importante de los vinos, junto a las variedades nobles Sercial, Verdelho, Bual y Malvasia, cuyos nombres dan lugar a los estilos. La Terrantez, casi extinguida, se recupera con ayudas oficiales. En la isla vecina de Porto Santo se cultivan también variedades como Listrão y Caracol. Los vinos se clasifican por edad: colheita, reserva, reserva especial, extra reserva y frasqueira. Las soleras, con mezclas de añadas, aparecen en algunas etiquetas antiguas.
El rainwater es un estilo seco y ligero que se consume como aperitivo, elaborado hoy sobre todo con Tinta Negra y con un envejecimiento de unos tres años. Su origen tiene varias versiones contradictorias.
Hoy los mercados principales son el Benelux, Francia y Alemania, con crecimiento en Japón, Reino Unido y Estados Unidos. En septiembre de 2024 la Universidad de Madeira anunció que impulsará una candidatura de sus tradiciones vinícolas a la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Los vinos antiguos siguen atrayendo a coleccionistas y casas de subastas.
Leyenda y realidad
Circulan varias historias sobre el origen del rainwater: que procede de viñedos de ladera regados solo por la lluvia, o que un envío se diluyó accidentalmente en un muelle de Savannah o de Funchal y se vendió como un estilo nuevo. Son relatos de tradición, sin fechas ni documentación clara, y se contradicen entre sí. Lo que sí está documentado es el uso del calor en el envejecimiento y la existencia de vinos antiguos conservados durante siglos.