Té
🌱 VeganoEl té es la infusión aromática que se prepara con hojas o brotes de Camellia sinensis, un arbusto de hoja perenne originario del este de Asia. Es, después del agua, la bebida más consumida del mundo y su principal estimulante es la cafeína.
Historia
Las fuentes sitúan el origen natural de la planta en una zona amplia que va desde el suroeste de China hasta el norte de Birmania y el noreste de la India. Antes de beberse, las hojas se comían crudas, se añadían a sopas o verduras y se fermentaban para masticarlas, como se hace con la nuez de areca. La práctica de hervir hojas para obtener una bebida concentrada pudo empezar en Sichuan, y la tradición china atribuye su invención al mítico Shennong, una atribución que no se sostiene con pruebas. El registro escrito más antiguo procede de China, y el hallazgo arqueológico más antiguo, en un mausoleo de Xi'an, indica que los emperadores de la dinastía Han ya bebían té en el siglo II a. C. Un texto médico del siglo III d. C., atribuido al médico Hua Tuo, es otra de las primeras referencias fiables.
Durante la dinastía Tang el té se generalizó como bebida social y se difundió a Corea, Japón y Vietnam. El tratado Cha Jing, de Lu Yu, fijó su preparación. Después vinieron las innovaciones de procesado: en la dinastía Song se impuso la hoja suelta, y en los periodos Yuan y Ming se desarrollaron el té verde, el té amarillo y el oolong. El té negro, de oxidación completa, acabó siendo el más apreciado en Occidente.
La llegada a Europa se produjo en el siglo XVI, a través de sacerdotes y comerciantes portugueses. En el XVII, neerlandeses y británicos lo difundieron en sus puertos y cortes. La Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales envió los primeros cargamentos registrados, y en Rusia el té entró por rutas de caravanas y acuerdos comerciales. En Gran Bretaña el consumo se extendió lentamente en el siglo XVIII, gracias al contrabando y, hacia 1785, a la eliminación del impuesto. Para abastecer ese mercado, los británicos introdujeron el cultivo en la India y en Ceilán, donde antes el té se usaba solo como planta medicinal. Su consumo se convirtió en un asunto político, como muestra el episodio del Boston Tea Party, y en el siglo XIX dejó de ser un lujo para volverse una bebida cotidiana en casi todas las clases sociales.
Hoy China, India, Kenia y Sri Lanka concentran la mayor parte de la producción mundial. El cultivo se extiende también a regiones frías y de clima oceánico, como Escocia, Georgia o las Azores, aunque la planta prefiere climas tropicales y subtropicales con lluvias abundantes y suelos ácidos. Las plantaciones de altura, por encima de los 1500 metros, producen hojas de crecimiento lento y sabor más intenso, según las fuentes.
La elaboración determina las categorías. El té blanco se hace con brotes tiernos que apenas se oxidan, el verde se calienta para frenar la oxidación, el oolong se oxida de forma parcial y el negro se oxida por completo. El té pu-erh, fermentado y envejecido, constituye una categoría aparte. Entre las especialidades figuran el kukicha, hecho con tallos y ramitas, el lapsang souchong, ahumado con pino, y el matcha, té verde molido que se usa en la ceremonia japonesa.
Cultura
El té ocupa un lugar central en las costumbres de muchos países, y cada cultura lo ha adaptado a sus gustos. En China se bebe en tazas pequeñas o en el método gongfu, con varias infusiones cortas. En Japón, la ceremonia del té o chadō ordena cada gesto alrededor del matcha. En Corea y Vietnam, según las fuentes, se incorporó a rituales sociales y familiares, como las bodas en Vietnam.
En Asia central y el Tíbet se toma té con leche, mantequilla de yak o sal. Los mongoles conservan el té con leche salada, süütei tsai, como parte de su dieta básica. En Marruecos se prepara el té de menta con té verde gunpowder y mucho azúcar. En Turquía se usa la doble tetera çaydanlık, que permite servir té flojo o fuerte según el gusto. En Rusia y Georgia es habitual tomarlo con mermelada, y en Europa oriental y en Italia se sirve a menudo con limón, costumbre que también se aprecia en Europa occidental. En Frisia Oriental, en el norte de Alemania, se toma té negro fuerte con nata líquida y azúcar candi, que no se remueve para que el sabor cambie de amargo a dulce.
En Gran Bretaña y la India, la leche es el aditivo más extendido, sobre todo en el té negro y en el masala chai. En India, el consumo se consolidó en los años cincuenta gracias a una campaña publicitaria de la junta del té. Las variedades aromatizadas, como el Earl Grey con bergamota, o el jazmín, que absorbe el aroma de las flores, son otros ejemplos de su versatilidad.
El té se vende hoy en hoja suelta y en bolsitas, y las formas instantáneas o las bebidas frías, como el té helado o el bubble tea, son muy populares. Su presencia en la vida cotidiana es tan amplia que, tras el agua, es la bebida más consumida del planeta.
Leyenda y realidad
La atribución de su invención al emperador legendario Shennong, en el año 2737 a. C., es un mito de la tradición china que no tiene respaldo documental. Lo que la historia sí documenta es un origen en el suroeste de China y un uso inicial como alimento o medicina, mucho antes de su consumo como bebida.