Clinton
La clinton es una variedad de uva tinta híbrida nacida de forma espontánea a partir de especies norteamericanas, y es conocida sobre todo por su notable resistencia a la filoxera y a los mildiús. Su nombre designa también el vino que se obtiene de ella, un vino de color rojo oscuro, poco alcohólico y con aromas afrutados que a veces recuerdan a la frambuesa o a la fresa.
Historia
La clinton tiene su origen en América del Norte. Es un cruce natural entre dos especies de vid nativas, Vitis riparia y Vitis labrusca, que se produjo sin intervención humana directa. La primera planta de esta combinación se localizó en el estado de Nueva York, en 1835, y se suele atribuir su descubrimiento a Hugh White, a quien se debe el hallazgo de la planta original.
Su llegada a Europa está ligada a la crisis de la filoxera, el insecto que arrasó los viñedos del continente a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Como las vides americanas toleraban el ataque de este parásito mejor que las europeas, se recurrió a ellas como patrón o como fuente de variedades resistentes. La clinton se plantó entonces en varios países europeos, entre ellos el norte de Italia, Suiza y Austria, y en algunas zonas de Francia, en particular en las vertientes meridionales del Macizo Central, como Lozère, el Gard, el norte del Hérault o el Aveyron, y de forma más general en la región de las Cevenas.
Con el tiempo, la expansión de otras variedades y los cambios en la legislación vitivinícola redujeron de forma notable su presencia. En Francia, según las fuentes consultadas, la venta comercial de vino de clinton está prohibida en la actualidad. Fuera de Europa, la variedad se cultiva también en Brasil.
Cultura
En las zonas cevenoles y en el sur del Macizo Central, el vino de clinton formó parte durante generaciones de la vida cotidiana. Se trataba de un vino de bajo grado, a menudo inferior a 10 grados, que se consumía muy joven porque se conservaba mal. Su sabor era con frecuencia amargo y ligeramente chispeante, y por esa razón se bebía de manera habitual con añadidos: azúcar o limonada, que suavizaban su acidez y lo hacían más agradable. Esa costumbre lo convirtió en una bebida sencilla, ligada a la mesa diaria más que a las ocasiones especiales.
Uno de los usos más característicos fue el chabrot, una práctica popular en la que se vertía una pequeña cantidad de vino en el plato de sopa y se terminaba el caldo así aromatizado. Era un gesto doméstico, sin ceremonia. Con el paso de las décadas, la producción de clinton ha desaparecido prácticamente de los circuitos habituales.
En los últimos años ha surgido un grupo de productores que se denominan a sí mismos néo-cévenois, es decir, neocevenoles, interesados en recuperar el cultivo de esta vid. Su trabajo se orienta en parte hacia nuevos usos, como la elaboración de zumos de frutas, más que hacia el vino tradicional. En otros países, la clinton aparece en productos con identidad propia: en Italia, por ejemplo, se emplea en la corteza de un queso del Véneto, el Ubriaco al Fragola Clinto, frotado con mosto de Fragola y de clinton. Para el aficionado, la variedad es así un ejemplo de cómo una uva de origen americano pasó de ser una solución agronómica a una seña de identidad local.